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Manuel Pérez Vila, “Ciudades Cuatricentenarias”


…A Carora en sus 450 años

Los signos de caracterización de los pueblos: fisionomías, residuos, convenciones, sucesiones típicas de sucesos que revelan momentos de su historia, despiertan gran interés, curiosidad y cuanto más antiguo son, mayor atracción generan. Esto no envuelve la desaprobación y minimización de otros más recientes, contemporáneos, al contrario, en conjunto se revalorizan. Al explorar esos lugares significativos, invade el deseo de conocer sus detalles, al tiempo que se desbordan los imaginarios intentando replegarse como si quisieran instalarse en aquel instante. El trazo, las disposiciones de las calles, las construcciones y sus tipologías, el emplazamiento estratega, forman parte de los componentes que dan cuenta de historias, mitos, leyendas e incluso vida cotidiana, generando una extraña sensación de impulso al retorno. Y es que la ciudad, “no dice su pasado, lo contiene como líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada segmento surcado a su vez por arañazos, muescas incisiones, comas”[1]. En la ciudad se configuran lugares de entretejimiento de situaciones, objetos, relatos, contrastes, expresiones todas de ámbitos de convivencia que forman parte de las historias, de sus estilos, de sus modos organizativos.


Para el pródigo historiador y pedagogo, español Manuel Pérez Vila, quien publicó en año 1976 un ensayo extraordinario y pasmoso que nos ha hecho analizar nuestra idea sobre la historia hispánica: “Ciudades Cuatricentenarias”, los pasos de los fundadores de las primeras ciudades venezolanas en una crónica editada por Cuadernos Lagoven, serie: El Hombre y el Ambiente.

En esta extraordinaria obra Pérez Vila refiere a la generación de primer orden en el desarrollo de la historiografía nacional, dándole un matiz a la contribución histórica sobre los ejes de penetración y de los núcleos de poblamiento urbano.

Adentrándose a esta sorprendente, obra, en donde se describe la España del siglo XVI que acomete la tarea de ocupar un inmenso continente, el Nuevo Mundo, es una nación en la que se superponen diversos planos temporales. A medio camino entre el Medioevo y la modernidad es España una nación excéntrica y particular. En 1492 expulsa a los árabes, unifica bajo una corona su territorio y comienza su expansión ultramarina. Sin embargo, un rasgo premoderno acompaña este período de esplendor: el fervor proselitista de la Evangelización. Convertir a la fe verdadera a los infieles es una firme idea española que convive y se imbrica con otras de más reciente factura, el Renacimiento, la ampliación del conocimiento geográfico y de la ecúmene, la Contrarreforma católica. Se trata de una España que vacila por situarse entre lo medieval y lo decididamente moderno la que llega al Nuevo Mundo en el siglo XVI.



Busca nuevas rutas comerciales, pero también desea expandir la fe verdadera en Jesucristo. El conocimiento cartográfico y las citas bíblicas se mezclan en un mismo texto con ideas de la Antigüedad clásica greco-romana. Llegan estos hombres en el siglo XVI y comienzan a fundar una red de ciudades sobre las cuales habría de crearse como proyecto una América hispana, europea, católica; pero sobre todo un imperio colonial en el sentido estricto del vocablo.[2]La ciudad es un orden pensado, dice Angel Rama, un parto de la inteligencia.[3] Su forma de damero es un principio regulador de la unidad, planificación y un orden riguroso, que traducía una jerarquía social.[4] La fundación es un acto político cuidadosamente notariado y que significaba, dice Romero, el designio -apoyado en la fuerza- de ocupar la tierra y afirmar el derecho de los conquistadores.[5] Se hacía una elección más o menos cuidadosa del sitio en el que se trazaba “a cordel y regla” sus manzanas y calles.[6] “El acto político se completaba de diversas maneras, dice Romero. La celebración de una misa o la entronización de una imagen (que) agrega un elemento sagrado a la fundación”.[7]

La fundación de las ciudades hispanoamericanas y las formas diversas de penetración a través de la conquista y poblamientos, están en estrecha relación con la acción predicadora de los misioneros y el surgimiento de las llamadas doctrinas. Las comunidades religiosas y entre ellas principalmente los dominicos, los franciscanos, los agustinos y los jesuitas realizaron una importante labor misionera alrededor de las doctrinas.

El proceso evangelizador, sin embargo estaba por comenzar. Según lo afirma Las Casas[8], el primer sermón o instrucción para los indígenas, fue solo entonces cuando tuvo lugar: “los cuales nunca oyeron hasta entonces otro tal, ni algún otro, porque aquel fue el primero que aquellos y los de toda la isla se les predicó al cabo de tantos años, antes todos habían muerto sin haber oído la palabra de Dios”. Si tal hecho había sorprendido a los Dominicos, no puede menos de extrañarnos hoy, cómo se dejaron esfumar para el evangelio los primeros dieciocho años posteriores, a la fecha del encuentro de “Dos Mundos”.

Traigamos a nuestra memoria algunos nombres y fechas –sobre ciudades existentes en nuestros días: Cumaná, 1521-1522, sin olvidar la abadía de franciscano; Coro, 1527-1529, Puerto de Mar (Porlamar) o Villa del Espíritu Santo, iniciaba hacia 1528, fundada oficialmente en 1536; Maracaibo, en sus tres fundaciones, empezando por la Alfinger en 1529; El Tocuyo en 1545; Barquisimeto, en 1552; Valencia 1553; Trujillo, en 1557; Mérida, 1558; San Cristóbal, 1561; La Asunción, 1564-1567; Caracas, 1567; Caraballeda, 1567, Carora, 1569; La Grita, 1576; Barinas –o Altamira de Cáceres- 1577… fundaciones antes de 1577 no que no han llegado hasta el presente: Nueva Cádiz de Cubagua, La Borburata, El Collado, San Miguel de Neverí, la Villa de San Francisco…

Describe las poblaciones del primer grupo en un orden más o menos cronológico, sin rigideces paralizantes, e intercalado en sus lugares a las del segundo grupo, obtenemos una lista de nombres y fechas que poco nos dicen en verdad. Tres son los ejes de penetración: el de Oriente, originado en Cubagua-Margarita, que tiene por base a Cumaná en tierra firme y se extiende luego por el Orinoco hacia Guayana; en Occidente, desde la costa, que penetra por Coro hasta El Tocuyo, se abre en abanico hacia Trujillo, Maracaibo, Barquisimeto, Carora y se extiende hacia la región central…

De El Tocuyo partió, en 1557, la expedición que al mando de de Diego García de Paredes, Gobernador y maestre de campo… tras fundar la Nueva Trujillo, en el sitio de Escuque, a mediados del año 1559, tras la presión de los indígenas obligó a despoblarla, era la primera de una serie de mudanzas que le ganaron a Trujillo- que también le cambió de nombre varias veces- el apelativo de ciudad portátil. Otro capitán Francisco Ruíz, continuó la empresa y se asentó brevemente en el mismo lugar que aquél, pero llamó a la provincia de los cuicas. Volvió, pues, en diciembre de 1559, a la ciudad que había fundado, nombrándola, ahora, Trujillo de Salamanca…

En esta magnífica obra, Pérez Vila, describe a Carora, En una comarca de “tierra sana y de buenos indios naturales”, “buenísima para criar ganados mayores”, regada por el río Morere, fundó Juan del Tejo, por octubre de 1569, la población de Carora, “que se nombra de “Nuestra Señora de la Madre de Dios” y que por poco más tarde vino a ser conocida como San Juan Bautista del Portillo de Carora.



Mas adelante refiere en su investigación que, “La expedición pobladora inicial partió también de El Tocuyo. Realizaba la fundación, Juan del Tejo fue uno de los primeros –sino el primero- Alcaldes Ordinarios de la ciudad. Al parecer, el asiento inicial no resultó conveniente, y a principios de enero de 1571 Pedro Maldonado la mudó de lugar. Se suscitaron rivalidades, y Maldonado anuló varias de las encomiendas que Tejo había señalado, pero no hubo solución de continuidad en cuanto a la población misma. Sin embargo, a causa del pleito de las encomiendas, Maldonado fue conducido preso a Coro. Tal vez por este motivo entró a servir Juan de Salamanca como Teniente de Gobernador, como se creyó en un tiempo, sino Juan del Tejo en 1569”.

Hacer referencia de Carora, es hablar de una región, junto a su delimitación física, a la mezcla del calor humano, a la tierra y al trajinar de sus hijos a través del tiempo. A este respecto se refiere, Ramón Adolfo Tovar López, cuando expresa: “lo geográfico está entrañablemente unido a la razón histórica de los hechos del hombre[9]”. Es evidente que existe una relación entre lo geográfico y lo histórico y una visión que define al hombre como el moldeador del entorno físico. Bajo esta premisa es como nos vamos a acercar a Carora, para realizar las consideraciones que vinculan la urbe con los aspectos geofísicos.

Entre las condiciones geográficas y la evolución histórica de una localidad se establece una relación dinámica y mutuamente influyente que no es fácil establecer con objetividad. En ningún momento debemos, dice Reinaldo Rojas, “aislar lo fisiográfico de lo social, sino integrado bajo la primacía de lo socio-histórico (...) de las prácticas sociales del hombre en un espacio y tiempo determinados”[10]. Entendemos que hay una inevitable relación de la geografía y la historia. Para ello hemos tratado de ubicar el grado de condicionamiento del medio en el proceso de organización y desarrollo de la sociedad caroreña.

Partiendo de estas breves consideraciones pasemos a estudiar los aspectos geofísicos de Carora: geología, relieve, hidrografía, suelos, clima, flora y fauna. Carora, capital del municipio Torres, está ubicada en una depresión existente entre la Cordillera de los Andes y la Sierra de Baragua, la cual pertenece a la Cordillera de la Costa, en la que se pueden encontrar características muy variadas en cuanto a vegetación y topografía entre otras características que atañen a lo geográfico. Al referirse al lugar específico del asentamiento urbano, se puede decir que se encuentra ubicada al margen derecho del río Morere y sobre unas planicies que se extienden en dirección Sur- Oeste del cauce del mencionado río.

En el margen opuesto al río Morere y frente a la población de Carora se observan unas enormes planicies que abarcan unas 150.000 hectáreas de terrenos bajos e inundables, de escasa vegetación, denominada “La Otra Banda”, los cuales son destinados en su mayoría al pastoreo de caprinos y en menor escala a la agricultura. Por estas tierras seguramente transitó el explorador primario español en su paso a la ciudad Madre El Tocuyo, de modo que cuando unos años más tarde decide asentarse en esta región, ya la conocía.

La formación geológica data de principios del cuaternario y la constitución de sus suelos son en su mayoría arcillosos de color amarillo y con un P.H. de entre 7 y 8.5. La vegetación de la zona aledaña a la ciudad de Carora lo constituyen en su mayoría espinares, entre los que se encuentran cardones, tunas, buches y árboles arbustos que debido a las condiciones pluviométricas han desarrollado un proceso adaptativo acorde para su subsistencia. Entre estas especies se pueden nombrar al Cují, el Yabo, el dividive, el Curarí, la Vera, la Úbeda, entre otras de menor cuantía.

La ciudad de Carora tiene características especiales en cuanto a su ubicación geográfica por encontrarse en una zona que accede a localidades como la región zuliana y los Andes venezolanos y hacia el norte con la región sur del estado Falcón, así como también en dirección hacia el Este, con la ciudad de Barquisimeto y el centro del país. Carora es un cruce de caminos, no en vano lleva el nombre de “Portillo”, término al cual hace referencia el obispo Martí “acá era el portillo, la puerta o el camino para pasar a Trujillo, al Tocuyo, a Coro, a Barquisimeto y a otras partes[11]”. Esta envidiable ubicación geográfica, equidistante desde el Lago de Maracaibo, Coro y Trujillo motivó su fundación. Al respecto dice González Oropeza:

“Carora nació como parte de un diseño estratégico elaborado por los gobernadores de la Provincia de Venezuela entonces residenciados en El Tocuyo. Era necesario abrir horizontes y caminos desde la que para entonces era la capital de Venezuela”.[12]

Las sabanas de Carora tienen suelos poco propicios para el uso agrícola debido a su baja permeabilidad, inundabilidad, textura arcillosa y el contenido apreciable de sales hace que sean suelos con muchas limitaciones para su uso[13]. Estas limitantes no fueron obstáculo para que los caroreños lograran un nivel de vida apreciablemente bueno. En el siglo XVIII, Cisneros, como agudo observador, dijo que: “No obstante la esterilidad de su terreno abunda todo lo necesario para la comodidad de sus moradores, por ser estos industriosos y aplicados a trabajar”[14]

Desde tiempo colonial se oye decir que hace calor en Carora, y “la tierra es muy caliente y seca” a decir del Fraile Simón, sin embargo, esto no ha limitado a sus habitantes. Carora se formó en una lucha contra un medio inhóspito e inclemente[15].

Las precipitaciones no son muy abundantes en la zona especifica del asentamiento urbano que circunscribe a Carora, sin embargo, son algo más frecuentes hacia la parte sur-oeste y noroeste del Municipio Torres, que es área de su influencia política territorial.. En Carora y a decir verdad hace calor, un calor que se soporta porque sopla desde el Este, una brisa fresca y seca. Taylor Rodríguez García[16], señala que:

“...el clima de esta área en incluido en la llamada depresión larense se clasifican como semi árido con vegetación xerófila o montes espinosos donde la evaporación es mayor que la precipitación.”

Esta razón climática ha conllevado históricamente a los caroreños a construir sus casas amplias, altas, llenas de corredores, de zaguanes amplios para que circule el viento, de techos de caña brava con madera de vera, para que resistan y perduren en el espacio y en el tiempo. Esa característica arquitectónica se evidencia en su zona de valor histórico o zona colonial, como se le conoce, lugar desde donde se expandió inicialmente la urbe hasta donde la conocemos hoy. El maestro Briceño Guerrero explica que: “Carora es la única ciudad de Venezuela, la única, que tiene una zona colonial tan amplia que no es monumento histórico sino que viven ahí los descendientes de los caroreños que construyeron esas casas”[17].

Todo esto describe una estrecha relación entre lo geográfico y lo histórico, la relación del hombre con su medio, al cual entiende e interpreta, toma de él sus recursos y hace de esta tierra su cuna predilecta. Es así, también como se manifiesta su hacer en otras tareas, como por ejemplo, el saber, representado en la formación educativa de su gente a través del tiempo.




[1] Calvino, Ítalo. Las ciudades invisibles. Barcelona España. Editorial Minotauro. (1995). 174 p


[2] Romero, José Luis. Latinoamérica: las ciudades y las ideas. 1979-99. Editorial Universitaria de Antioquia. Colombia. 532 p.


[3] Rama, Angel. La ciudad letrada. 1985. Fundación Angel Rama. Montevideo, Uruguay. 178 p.


[4] Ibíd. p. 15 y Romero, José Luis. Ibíd. p. 56.


[5] Romero, José Luis. Ibíd. p. 55


[6] Rama, Angel. Ibíd. p. 15.


[7] Romero, José Luis. Ídem.


[8] De Las Casas, Bartolomé. (Fray). Obras escogidas de Fray Bartolomé de Las Casas. Madrid España. (1957). Biblioteca de autores españoles.


[9] Tovar López, Ramón Adolfo, El Enfoque Geohistórico. p.190


[10] Rojas, Reinaldo. El Régimen de la Encomienda en Barquisimeto Colonial. p. 73


[11] Cortés Riera, Luis Eduardo. Del Colegio Federal al Colegio la Esperanza 1890-1937. p. 22


[12] González Oropeza, Hermann. (El Diario 1-10-1979- “Carora, Puerto del Lago de Maracaibo”)


[13] Cortés Riera, Luis, en su trabajo: Del Colegio Federal al Colegio la Esperanza 1890-1937, hace referencia a Guevara. César. Geografía de la Región Centro Occidental. p. 51 y Cisneros. Joseph, Luis. Descripción Exacta de la Provincia de Venezuela. p. 110.


[14] Cisneros. Joseph Luis. Descripción Exacta de la Provincia de Venezuela. p. 110.


[15] según sostiene Briceño Guerrero. (Revista de Asocrica primer trimestre año 2000 /año 8 Nº 23


[16] Rodríguez García, Taylor. Historia económica y social de Carora siglo XIX (Contribución a su Estudio). Trabajo de Grado no publicado, Universidad Santa María. Caracas.


[17] Briceño Guerreo, José Manuel. Revista Asocrica. Año 8, N°23, páginas 9-10



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[1] Cisneros. Joseph Luis. Descripción Exacta de la Provincia de Venezuela. p. 110.

[1] según sostiene Briceño Guerrero. (Revista de Asocrica primer trimestre año 2000 /año 8 Nº 23

[1] Rodríguez García, Taylor. Historia económica y social de Carora siglo XIX (Contribución a su Estudio). Trabajo de Grado no publicado, Universidad Santa María. Caracas.

[1] Briceño Guerreo, José Manuel. Revista Asocrica. Año 8, N°23, páginas 9-10


Henry Vargas Ávila.-

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